Cuando se llega a una casa, uno se siente bien recibido por el saludo de quien le atiende, y agradece las atenciones de todos en esos primeros momentos.
Pero realmente uno no se siente del todo parte de la familia, mientras no siente la acogida del Señor de la casa, del Padre.
Sabe que tener el recibimiento de la madre lo es casi todo, y que su cariño es la mejor muestra de que ya es uno más. Pero cuando uno siente el abrazo del Padre, es cuando sabe que aquella es ya su familia. Todo el mundo desea formar parte de la familia de Nazaret. Sabemos del cariño de Jesús y de María, y sentir el abrazo de José nos hace sentarnos a la mesa, ser uno más, y sentir que aquel es realmente nuestro sitio

