SI
La vida de todo hombre es un sí o un no.
El día que todo acabe y nos presentemos ante el juicio de Dios, miraremos nuestra vida hacia atrás y esa imagen compondrá una afirmación o una negación.
En cada uno de nosotros ese si o no, no es lineal: se compone de subidas y bajadas como los dientes de una sierra.
El de algunos santos tiene menos subidas y bajadas, y siempre va marcado por una tendencia de subida.
En María esa historia es sencillamente una línea recta ascendente, sin tramos de discontinuidad.
Ese si o no, que todos pronunciamos, es un sí a nuestra vocación, a la llamada que Dios hace a todo hombre o mujer. Y esa llamada prefigura toda nuestra vida, nuestros dones, nuestra misión: todo está orientado a esa vocación que da sentido a nuestra existencia.
Todo en la vida de María está configurado en torno a ese sí como una luz que ilumina toda su existencia, tanto que en el momento de su concepción fue preservada del pecado original y de todo aquello que pudiera afectar a ese sí.
José también tiene una vocación, una llamada, y por lo tanto una misión. Y José también dice sí, y toda su vida está configurada por ese sí.
La vida de cualquiera es también pronunciar un si o un no a nuestra vocación, al sentido de nuestra vida que preguntamos a Dios en nuestra oración, y que nos lleva a entender que todo lo que ocurre en nuestra vida está orientado a ese sí aunque a veces no lo veamos o incluso todo parezca confuso.
“Y Dios solo espera la respuesta afirmativa del hombre para mostrarle lo que el hombre puede hacer junto con Él” (página 9 de Ancilla Domini, Adrienne Von Speyr)
Cuando María y José, no les podemos separar, pronuncian su sí, ninguno de los dos pone condiciones ni predilecciones que deben ser tenidas en cuenta. Solo quieren que sea Dios quien administre ese sí. Su abandono es tal que su único proyecto vital es estar abiertos de forma continuadas (sin subidas ni bajadas) a la voluntad de Dios.
Algo así ocurre con los santos que son quienes también han dicho que sí, aunque en ellos haya subidas y bajadas, pero que solo buscan, luchan y viven por descubrir la voluntad de Dios y no la suya propia.
Posiblemente planteamientos bastante alejados de la mayoría que formamos el pueblo llano, cuyo afán es conseguir que ocurra nuestra voluntad en cada momento del día.
Nuestra voluntad en nuestro matrimonio, en la educación de nuestros hijos, en nuestros temas de trabajo o nuestras operaciones financieras. Queremos que se cumpla nuestra voluntad y nos enfada bastante cuando no es así.
Queremos que se cumpla nuestra voluntad hasta en las cosas que pedimos a Dios y nos disgustamos cuando no se cumplen en el momento y modo en que se lo hemos pedido. Cuantas veces hemos escuchado a una persona decir que dejó de creer en Dios el día que Dios no le obedeció en algo que le pidió.
Nuestra vida es un si o uno, a la voluntad de Dios o a la nuestra
María y José son el sí que permitió que Dios mismo nos rescatara.

