Fe es cuando creemos en algo sin verlo, sin sentirlo, sin comprenderlo.
Por eso nuestra sociedad es tan incrédula: necesita verlo todo, racionalizar todo, comprenderlo, tocarlo.
En la vida de José todo es creer, confiar, fiarse, abandonarse.
José cree en las cosas que le dice el ángel en sueños, y cree cuando aparecen los reyes magos. Pero cree también cuando debe huir de noche a Egipto como un refugiado y pasar allí unos años llenos de dificultades. Cree porque no le pregunta nunca a Dios ¿por qué?
José podrías razonar: si este es el hijo de Dios, ya se encargará su Padre de quitar a Herodes de en medio. O podría pensar: si de verdad es Dios, ¿porque tenemos que pasar hambre, frio, cansancio?
José no pregunta nunca por qué. Solo cree.
En nuestra vida nos pasa igual. Cuantas veces parece como que se acumulan las cosas malas. Tal vez ni siquiera son graves, pero son una detrás de otra. Y otra, y otra. Parece como si a Dios le divirtiera vernos perder la paciencia. Hay veces que parece que nos vamos a desquiciar.
El otro día me contaba un amigo que estaba a punto de perder el equilibrio. Le pregunté ¿Cómo estás? Y me respondió: bien o entro en detalles.
Divertido le dije: por favor, entra en detalles.
De acuerdo, respondió: estoy desquiciado en el trabajo. He perdido a los dos mejores clientes que representaban el 80% de mi facturación, y el oro 20% me da la lata a todas horas. En menos de una semana se han roto los dos coches de casa y no tienen arreglo. Mis hijos están desorientados, mi mujer no para de echarme la bronca y encima me ha salido un grano donde la espalda pierde su casto nombre y no puedo ni sentarme. ¿quieres que siga?
No, dejado, te creo. Vas bien.

