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Nada dicen los evangelios de si José acompañó a María cuando acudió a ver a su prima Isabel. Tenemos que limitarnos a tratar de seguir el sentido común que nos lleva a considerar muy probable que José acompañara a María en el camino de ida y volviera más tarde a buscarla para su regreso. Hay que recordar que ya son marido y mujer, aunque aún no vivieran juntos.

Estamos hablando de una distancia de 150km (4 o 5 jornadas) por caminos sinuosos o difíciles.

Debemos considerar igualmente que José es el primer perplejo con la noticia de que Isabel está esperando un niño. Dos cuestiones que sin duda debieron sorprenderle. La primera que Isabel, una mujer tan mayor, pudiera quedarse embarazada.  La segunda, como pudo enterarse María de esa noticia. Las noticias, en aquella época, vienen por carta o través de las caravanas que pasaban de vez cuando. Y no sabemos si ocurrió lo uno o lo otro.

¿De donde la urgencia de María por querer a Ain Karem? El evangelio, siempre parco, aquí lo dice con exactitud: “a prisa”.

Aquí, de nuevo, tenemos que hacer otra consideración. José no solo es un hombre justo, sino que es el esposo de la criatura más perfecta que ha salido de las manos de Dios, habitada de manera inmaculada por el Espíritu Santo. Algo, que por muchos esfuerzos de imaginación que intentemos hacer, no somos capaces de acercarnos ni siquiera un poco.

José quiere a María, la quiere con locura, porque la limpieza de su corazón le hacía ver en ella cosas que ninguna otra persona seríamos capaces de ver. Nunca un hombre a amado a una mujer como José ama a María y sin duda contará los días que le quedan hasta que Ella fuera a su casa. 

Cuando estás junto a alguien especial no quieres despegarte ni un minuto, y si encima esa persona es tu mujer, no hay fuerza en el mundo que te pueda separar.

José, por María es capaz de ir y venir cien veces a Ain Karin.

María…. José no puede tener otro pensamiento que no sea ella, y siente que eso agrada a Dios, y José solo quiere agradar a Dios. Si una mujer hace que un hombre sea más hombre, hasta que ambos se unen y son una sola carne, el amor de José por María le traslada a otra dimensión. No es que le complete, sino que en su amor se hacen plenos todos los anhelos que Dios ha puesto en su corazón.

María quiere ir a Ain Karem, y quiere ir con urgencia. José sabe que en María eso no es un capricho, ni una necesidad. Si María quiere ir allí es porque algo importante sucede. En María los pensamientos no provienen de ser razonamientos oportunos o convenientes. El pensamiento de María no sube y baja: es lineal como todo lo que es auténticamente sencillo. En Ella las cosas, son sencillamente verdad, con la evidencia de lo que es puro.

María lleva en su seno a Jesús y la unidad entre ellos es tan sencilla y natural como un cristal donde no hay mancha.

María es la verdad, la pureza, la sencillez, y todos sus actos y palabras son correlativos a esa realidad. 

José lo ve, lo siente, comprende sin comprender, como hacen las personas que saben amar. Sabe que María es…. María lo es todo.

¿Llevarla a Ain Karem? En realidad, lo que cuesta de dudar de que fuera así.

Suponiendo que José acompañara a María, que es nuestra tesis, tampoco sabemos si estuvo delante en el momento del encuentro de ambas, como tampoco sabemos que Zacarías lo presenciara.

Lo que sin duda José y Zacarias sentirían es que algo especial estaba ocurriendo. Posiblemente ninguna de las dos hablara del tema con ellos, pero lo que se puede palpar en el ambiente. 

Cuando en la noche de nuestra vida, sentimos que estamos cerca de algo de Dios, notamos que algo está presente. Tal vez no sabemos explicarlo, pero sabemos que algo está ocurriendo.

María e Isabel se encuentran en un estallido de gloria a Dios. Ellas sí sabían lo que estaba pasando. Isabel por una especial asistencia del Espíritu Santo que le lleva a exclamar “¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme?”. Para a continuación estallar en el “Magnifica” que es canto de una reina a su Señor.

La pregunta es ¿Por qué tantas preguntas? Las cosas de Dios son sencillas como María. Y eso es lo que José supo entender. No hagas tantas preguntas en tu vida. Simplemente contempla la grandeza de nuestro Dios.

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José de Nazaret

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