María guardaba estas cosas en su corazón. Por dos veces el evangelista San Lucas lo repite en el mismo capítulo para referirse a la visita de los pastores y la pérdida de Jesús en el templo. Dos momentos que debieron ser especialmente patentes, y que reflejan hasta qué punto la vida de María es una oración constante.
Maestra de oración, como lo es San José, su esposo, con quien lo compartió todo. Así lo proclaman los padres de la Iglesia quienes nos ponen a María y José como modelos de vida interior.
La vida de José como la de María no es más una continua oración, una estrecha relación del hombre con Dios. No es un acto de la inteligencia, ni de la memoria. No es un discurso, ni un recuerdo, y menos un proceso o una idea. José nos enseña que la oración es un acto de la voluntad.
El amor no es un más que un deseo infinito de querer estar con el otro. No importa si entiendo, si recuerdo, ni tan siquiera si conozco. El alma solo sabe que quiere estar y ser con el otro.
La Vida de algunos Santos, cuyos detalles hemos podido conocer directamente de su pluma[1], nos ha enseñado lo que el alma siente cuando se avanza en esa vida de oración. Leer sus vidas nos hace entender que nadie ha escrito cosas similares. Ningún hombre, por mucha inteligencia que haya adquirido, por tesoros o placeres que haya podido acumular en una vida…, no puede, ni acercarse, siquiera un poco, a lo que esas almas sienten cuando Dios se acerca a ellas.
Un hombre lleno de sabiduría comentaba que el matrimonio no es más que “una larga conversación”. Y luego, como si fuera algo que va unido, remarcaba “como lo es el trato con Dios”.
“Una larga conversación” es lo que José hizo a lo largo de toda su vida. Con ellos conversaba del tiempo, de las cosas que pasaban en la aldea o escuchaba en la sinagoga, de los encargos en el taller… Todo es una “larga conversación” con Jesús y con María.
La oración es vida, porque es conversación de cosas cotidiana en la que hablamos de “nuestros hijos” (porque son de los dos), de nuestro trabajo (en el que Él nos asiste aunque parezca que lo hacemos nosotros), de nuestro querido Real Madrid que nos da disgustos y alegrías, de nuestros éxitos y fracasos, de nuestras preocupaciones (que siempre hace suyas), de los años que vamos cumpliendo (porque en todo ese tiempo jamás ha dejado de estar a nuestro lado”)
[1] Ver vida de Santa Teresa de Jesús, Santa Teresita de Liseux y tantos otros

