Tal vez sientes en tu alma anhelos de grandeza y por tu cabeza ha pasado la loca idea de que tu podrías ser santo, jaja. Incluso llevas una época rezando más y leyendo algunas vidas de santos que son un verdadero ejemplo para todos.
Lees a San Ignacio de Loyola y piensas, “pues va a ser que no estoy a la altura ni me siento capaz de hacer las cosas que él hizo”
Lees a San Francisco Javier y peor aún.
Lees a Santa Teresa de Jesús o Santa Teresita y no puedes menos que pensar que eso es otro nivel
San Juan Pablo II y no se ni por donde empezar
San Josemaría o Santa Teresa de Calcuta y lo ves imposible, como imposible lo ves con San Juan de la Cruz, el Padre Pio, o al menor los santos.
Y te preguntas: ¿no puede haber un santo normal, padre de familia, que se gane la vida con su trabajo, con su familia…?
José, si lo piensas un poco descubrirás que el único que se nos presenta asequible, cercano. El no hizo grandes cosas, ni fundó nada, ni fue apóstol de las gentes, ni hacia grandes proezas.
Un sencillo padre de familia, trabajador, discreto, sencillo….
Y es el santo más grande de la historia de la humanidad cuyo culto solo está por detrás de Jesús y de María.
Sé práctico. Puesto a seguir un modelo, sigue al número 1.

